¿Músico o Copiador? Un desafío a la Creatividad


¿Músico o Copiador? Un desafío a la Creatividad

¿Músico o Copiador? Un desafío a la Creatividad Recientemente, me puse a releer Sumérgete en el Río de Dios, de Bob Sorge, lectura que a mi modo de ver, debería ser obligatoria de todo integrante de un ministerio de alabanza. Bob es autor del clásico sobre alabanza y adoración congregacional Exploración de la Adoración. Además de otros títulos en su mayoría en inglés. El asunto es que mientras repasaba Sumérgete en el Río de Dios encontré, en el capítulo 6, una joya de párrafos que me he tomado la libertad de compartir. Tienen que ver con la música y la composición, incentivan a la creatividad y se constituye en una crítica muy pero muy interesante a las escuelas de música, además de a los músicos que tocan en nuestras congregaciones. Le invito a que lo lea, es corto, ¡pero punzante!

Músico en Contraposición a Copiador
Por Bob Sorge

Un copiador es una persona que ha aprendido a copiar a los verdaderos músicos. Enseñamos a los niños desde su niñez a ser copiadores. Colocamos la partitura en el atril; luego les enseñamos que cuando vean una determinada nota en la partitura, deberán oprimir una cierta nota en el piano. Ve la nota, toca la nota. Ve la siguiente nota, toca la siguiente nota. Les enseñamos a practicar hasta que pueden transponer toda las notas de la partitura a través de su mente, a través de sus dedos y en el instrumento. Y voilá, ¡ahí suena la música! Suena tan hermosa como cuando el músico original compuso la pieza.

Finalmente, estos alumnos se vuelven tan diestros en reproducir las partituras que prontamente los llamamos músicos. Pero no son músicos, son copiadores. Aún no han comenzado a ingresar al proceso de incubación que experimentó el músico original cuando escribió la música por primera vez.

Los copiadores son como los taquígrafos de los tribunales, su trabajo consiste en reproducir con impecable precisión lo que les llega. Los copiadores son también como personas empleadas para almacenar datos. Si uno tiene un trabajo de ingreso de datos, será despedido por ser creativo. Del mismo modo, hemos castigado a los jóvenes que se convertirían en músicos por volverse creativos con su música. Si se desviaban de la música escrita con el más leve indicio de creatividad, les pegábamos en los nudillos. “¡Así no se creó la canción! ¡Toca la música como fue escrita!”. Entonces, realmente les hemos enseñado a los jóvenes a acallar sus impulsos creativos y a aprender a reproducir simplemente lo que está en la hoja.

Los copiadores reproducen copiadores. Muchas de nuestras escuelas de música están presididas por copiadores, y ellos, a su vez, les enseñan a otros a copiar. A algunas escuelas de música habría que denominarlas escuelas de mímica.

Recuerdo haber entrevistado una vez a una mujer que vino muy recomendada y con muchos laureles para un trabajo en nuestro programa de música. Tenía el equivalente a un grado doctoral en música. Me quedé impresionado por su pericia en el piano.

– Solo toque una canción de adoración, cualquier canción que desee – le pedí.
– ¿Qué canción? – me respondió.
– Usted elige.
– Bueno, déme una partitura – pidió inmediatamente.
– No, ninguna partitura. Solo toque algo, solo haga música – respondí.
– Déme una partitura – suplicó mientras me miraba con ojos de pánico.
– No – le dije – no quiero que toque notas, quiero que cree música aquí en este momento.

Se puso pálida y comenzó a tocar el teclado como una oveja perdida. Me sentí tan mal por ella. Había sido entrenada para ser una gran copiadora, pero nadie le había ayudado a hacer la transición para convertirse en música.

Considero que esto es una farsa. Hay jóvenes que van a las escuelas de música y gastan miles de dólares, solo para ser capacitados en ser copiadores por otros copiadores capacitados. Los llamamos músicos porque saben cómo reproducir los mismos sonidos que creó el músico compositor.

Un copiador trabaja desde la cabeza; un músico trabaja desde el corazón. Para un músico, la música empieza en las entrañas, en la región intestinal. La música comienza como un sentimiento, un estado de ánimo, una emoción, un fuego. Un músico siente su música. Le pone emoción a las notas. Su música comienza como una agitación del alma, se extiende por su mente, se proyecta a través de sus dedos y sale del instrumento con un alma propia. Es una transmisión de pasión del medio del corazón al medio del arte. Para un músico, es como dar a luz un bebé. Cuando la música se manifiesta, es una extensión de su propia alma. Por eso los músicos toman las críticas a su música de manera tan personal; si critica su música, ellos consideran que los están criticando a ellos (1).

Notas: (1) Bob Sorge, Sumérgente en el Río de Dios, Una Visión Para la Adoración Congregacional. Editorial Vida. EE.UU., 2005, Pág. 39-41.

Cortesia: Enlacemusical.com