Más allá de la emoción (Tercera parte)


Más allá de la emoción (Tercera parte)

Por Noel Navas


Más allá de la emociónEl cristiano y sus emociones.

Durante la primera parte de esta breve serie hablé acerca de cómo mi desenfoque por lo emocional me llevó a cometer un error en una reunión y en la segunda vertí mis reflexiones sobre el tema del sentimentalismo desmedido que a veces nos caracteriza como cristianos. En esta oportunidad cerraré la serie estudiando un pasaje de la Escritura que en lo personal me ayudó mucho a entender la diferencia entre alguien que vive por fe y alguien que vive sólo por emociones. Al final encontrará una canción que resume mis reflexiones sobre este tema.

Como dije la vez anterior quien depende de sus sentimientos para medir su calidad espiritual tiende a vivir una vida inestable. Las emociones son como el clima, pueden ser impredecibles. Lo único firme es la Palabra de Dios y nuestra total confianza en ella. Algunos creyentes creen que sentirse bien durante el día o en una reunión o vivir emocionados es sinónimo de que la presencia de Dios los acompaña. Y no, Dios está lo sintamos o no. Claro, experimentar sensaciones producto de nuestra relación con el Señor es sumamente agradable, pero no todo el tiempo nos sentiremos así. Lamentablemente hay cristianos que hasta han dudado de la existencia de Dios sólo por el hecho de no sentirlo durante algún período de tiempo. Vamos, Dios es real lo sintamos o no así como el amor es real estemos enamorados o no.

El profeta Jeremías escribió:

Así dice el Señor: ¡Maldito el hombre
que confía en el hombre! ¡Maldito el que
se apoya en su propia fuerza y aparta su corazón
del Señor! Será como una zarza en el desierto:
no se dará cuenta cuando llegue el bien.
Morará en la sequedad del desierto,
en tierras de sal, donde nadie habita.
Jeremías 17:5-6.

Cuando nos apartamos del camino de la fe, camino que debe caracterizar al cristiano, experimentamos exactamente lo que este pasaje describe.

“Será como una zarza en el desierto…”

En la Biblia se compara al cristiano con elementos de la creación. En este caso con una zarza. Una característica de la zarza es que se prende en llamas fácilmente. ¿Recuerda el encuentro de Dios con Moisés en Éxodo 3? Moisés se dirigió hacia la zarza no porque estuviera en llamas, el cual era un fenómeno común, sino que quiso ir a verla porque dijo: “Iré yo ahora y veré por qué causa la zarza no se quema” (Éxodo 3:3). Lo lógico era que después de unos minutos la zarza se apagara, eso era lo normal; sin embargo, esta no se consumía y eso despertó el interés de Moisés de descubrir la razón de dicho fenómeno.

El punto es que quien vive basado en emociones es igual que una zarza en el desierto, se prende rápidamente y del mismo modo se apaga. Se enciende con facilidad pero su emoción se consume de inmediato. “Es llamarada de tusa” decimos en buen salvadoreño.

“No se dará cuenta cuando llegue el bien…”

El Espíritu Santo podría moverse de un modo muy singular en una reunión pero como uno no siente nada juzga que algo (sino todo) anda mal. No vemos el bien. Como hemos puesto nuestros sentimientos antes que la verdad de la Palabra de Dios entonces pensamos que hay algo mal en nosotros o en otros.

“Morará en la sequedad del desierto…”

Eso es precisamente lo que experimentan aquellos que confían en sus sentimientos más que en la Palabra para definir su estatus espiritual. Están tan afanados por experimentar sensaciones que cuando ven que no pueden siquiera auto inducirse alguna emoción se sienten secos y vacíos. Alguna vez vi a alguien bostezar un par de veces para que le salieran lágrimas de los ojos y la gente creyera que Dios lo había tocado. Increíble pero pasa.

“En tierras de sal, donde nadie habita…”

¿Qué significa esto? Que se sienten solos. Como ven la emocionalidad como sinónimo de frescura espiritual al no sentir nada piensan que Dios los ha abandonado. Peor si ven a muchos expresarse gozosos o a alguno que otro llorando, creen que son los únicos a quienes Dios no está tocando.

“Y aparta su corazón del Señor…”

He sabido de personas que llegan a decir: “Como ya no sentía nada dejé de ser cristiano”. Triste, ¿no? Lamentablemente así hay un montón de cristianos en el mundo que se “convirtieron” (entre comillas) para sentir algo distinto. Nadie les enseñó a vivir una vida de fe y mucho menos les explicaron que la emoción sigue a la fe y no al revés. Que aunque es cierto que uno puede experimentar algo especial con la conversión eso no significa que el clímax emocional no varía. A veces uno siente y a veces uno no siente, primero se cree y luego se siente, no se siente para luego creer. Las convicciones son antes que el sentir y sólo aquellos que desarrollan convicciones firmes son los que nunca se apartarán del Señor.

Jeremías no sólo describió la vida de alguien que pone lo sentimental antes que la fe, también describe a quien vive convencido de lo que cree:

Bendito el hombre que confía en el Señor,
y pone su confianza en él. Será como un árbol
plantado junto al agua, que extiende sus raíces
hacia la corriente; no teme que llegue el calor,
y sus hojas están siempre verdes. En época de
sequía no se angustia, y nunca deja de dar fruto.
Jeremías 17:7-8.

Ahora Jeremías describe a un hombre que vive por fe y no por emoción:

“Será como el árbol plantado junto al agua…”

No una zarza del desierto, sino un árbol alto y frondoso. Esto nos habla de firmeza. Un árbol no es un matorral que se enciende de emoción y luego se convierte en cenizas. No, un cristiano que vive una vida de fe no se consumirá jamás. Su confianza no está en las sensaciones que la presencia de Dios puede producir, sino que sabe que su confianza proviene de la verdad de la Palabra de Dios.

“Que extiende sus raíces hacia la corriente…”

Las raíces nos hablan del medio a través del cual un árbol se alimenta. El cristiano que vive por fe sabe de dónde vienen los nutrientes que propician su crecimiento espiritual: Del terreno de la Palabra y del río del Espíritu, de su vida disciplinada de oración y del estudio de las Escrituras. No de las experiencias, de las emociones o sensaciones que pueda producirle alguna reunión o evento cristiano, que si bien son buenos no son la base de nuestra fe.

“No teme que llegue el calor…”

Hay un punto en la vida del cristiano emocionalista donde se cansa de sentir y no sentir, pierde la confianza y el temor lo invade al extremo de decir: “¡Wow! ¡Ahorita me siento genial en la presencia de Dios! ¿Pero qué pasará cuando llegue a mi casa? ¿Qué pasará durante la semana cuando esté en la escuela, la universidad o el trabajo? ¿Por qué no puedo prolongar esto que siempre siento en la iglesia?”

El cristiano que vive por fe es distinto, vive confiado, no teme a lo variantes que son los sentimientos. Él sabe que Dios lo ama y está con él no solo en la iglesia, también en su casa, en el aula y en la oficina. El cristiano maduro confía en las verdades de la Palabra de Dios relacionadas al amor y la omnipresencia de Dios; el inmaduro vive temiendo dejar de sentir porque no ha entendido en qué consiste la vida de fe.

“Sus hojas están siempre verdes…”

Las hojas de un árbol nos hablan de salud. Un cristiano que vive por fe y no por emociones siempre será saludable. Como comprende que el crecimiento proviene de las raíces y no del clima externo sabe que los nutrientes y el agua están en el suelo, no en la atmósfera que lo rodea. Si por alguna razón sus hojas se marchitaran sabe qué procedimiento seguir para reverdecerse una vez más.

“En época de sequía no se angustia…”

Aunque la vida cristiana es la aventura más emocionante en la que uno puede estar no significa que siempre estaremos emocionados. Como he dicho antes los sentimientos son variables, no se puede confiar en ellos todo el tiempo. Hay una infinidad de cosas que podrían hacernos sentir apagados, apachurrados o apesadumbrados, desde condiciones internas de alma hasta enfermedades físicas; pero sin importar las circunstancias que provoquen sequedad en nuestra vida el cristiano que vive por fe sabe que las situaciones difíciles son momentáneas y los sensaciones desagradables pasajeras. Van y vienen. Pero la fe es firme y eso le evita angustiarse cuando atraviesa por algún valle de sombra y de muerte.

“Y nunca deja de dar fruto…”

El cristiano que confía a diario en el Señor y no en sus sentimientos será un cristiano fructífero. Recuerde que en la Biblia fruto tiene que ver carácter (vea Gálatas 5:22-23). El amor, el gozo, la paz, la paciencia, etc. brotan de forma natural en quienes aprenden a nutrirse del suelo de la Palabra y de las aguas del Espíritu. No  sólo cuando están emocionados, brotan siempre. Hay personas que solo cuando siente amor aman, sienten gozo sonríen y sienten paz experimentan calma. Cuando se aprende a vivir por fe las cosas cambian, el fruto del Espíritu se manifiesta no solo por emociones pasajeras sino que se convierten en convicciones que producen un carácter firme y permanente a pesar de que los sentimientos no estén.

Interesantemente luego que Jeremías describe la vida de quien confía en sus sentimientos y de quien confía en el Señor, dice:

Engañoso es el corazón
más que todas las cosas,
y perverso, ¿quién lo conocerá?
Jeremías 17:9.

Es hora de reconocer lo variable que son los sentimientos del corazón y comenzar a afirmar nuestra confianza en la Palabra de Dios.

UNA PALABRA PARA CANTATES, MÚSICOS Y COMPOSITORES:

Amigos, todos aquellos que tenemos a una inclinación a las artes somos propensos a confiar desmedidamente en nuestros sentimientos. Es cierto, las emociones pueden contribuir a nuestra interpretación vocal, ejecución musical y capacidad creativa, pero ellas cesan, se apagan y no tienen poder permanente. Los sentimientos vienen y van, pero la fe permanece para siempre. Aprendamos a confiar en la Palabra de Dios y no en lo que sentimos. Ese es el único camino que existe para desarrollar un carácter y temperamento estables.

Confiando en que algunas cosas que he compartido hayan contribuido a su vida espiritual le invito a leer y escuchar una canción que escribí relacionada a este tema.

¿Sabías tú?
Noel Navas.

¿Sabías tú que el amor
es mucho más que una emoción?
¿Sabías tú que hay placer
aunque no sientas nada en tu ser?
¿La vida es mucho más que sentimientos? Dímelo.
¿Más emocionante que la emoción?

Coro:
/Dios, enséñame a vivir una vida de fe
no de sentimientos.
Que aunque sentir está bien
Lo que importa es en verdad creer
que tú estás adentro.
Tú estás aquí dentro,
tú estás aquí dentro/

¿Sabías tú que la verdad
es la verdad aunque no estés de acuerdo?
¿Sabías tú que perdonar
es decisión, no un sentimiento?
¿La vida es mucho más que emociones? Dímelo.
¿Que emociona al que no busca la emoción?