Piercings, Tatuajes, y Peinados… Desmitificados


 

Piercings, Tatuajes, y Peinados… Desmitificados

P.O.D.

El tatuaje y los piercings (perforaciones) son técnicas muy antiguas de “arte corporal”, que de tiempo en tiempo reciben algo de repudio extra por parte de sus detractores, debido a los problemas de salud que en algunos casos se producen (ya sea por insalubridad de la técnica usada, o el mal cuidado por parte de la persona afectada), o por su aparición en los escenarios, lucidos por artistas que profesan la fe cristiana.

Aunque el impacto estético de peinados y tinturas de cabello puede ser mucho más dramático que el de tatuajes y piercings, los estilistas tienen la ventaja de una gran facilidad para revertir los resultados, ya sea con un nuevo corte y tintura, o en casos extremos con el rapado y la espera del crecimiento de nuevo cabello.

Eliminar un piercing también es algo simple, pero en la mayoría de los casos deja alguna cicatriz, y en el peor de los casos podría requerir de cirugía estética para borrar cualquier rastro de su existencia.

Más complejo es el caso de los tatuajes, ya que al consistir en tinta infiltrada bajo capas de la piel, para su eliminación requiere de cirugía láser o reemplazo de áreas tatuadas de la piel, que en el caso de zonas extensas del cuerpo, se vuelve incluso algo riesgoso.

Las tres formas de expresión estética mencionadas tienen el potencial para comunicar una identidad, una motivación, una pasión, un estado de ánimo, o simplemente una moda, entre otras posibilidades.

También las tres han sido cuestionadas en diferentes épocas por razones de “falta de modestia”, “mayordomía del cuerpo”, “decoro”, riesgos a la salud, o similares.

Quien considere la posibilidad de someter alguna parte de su cuerpo a este tipo de cirugías, debe informarse primero de los riesgos y cuidados que implican. Pero además hay factores sociales, culturales, comunitarios y familiares que tener en cuenta antes de tomar una decisión tan importante como la de marcar permanentemente el cuerpo.

En lo personal, he pensado que si me hiciera un piercing me pondría una pieza con forma de hueso, en una ceja por ejemplo, como recordatorio de Ezequiel capítulo 37. Si me tatuara algo, sería alguna imagen que simbolizara la pertenencia de mi cuerpo y mi vida a Dios, pero de una manera sutil e indirecta, que provoque la curiosidad y genere una conversación más relevante al respecto.

Aunque a estas alturas de mi vida no me he sometido a una sesión de tatuaje ni a una operación de piercing, obviamente no tengo problemas con aceptar el arte corporal. El tema de los tatuajes ya lo desarrollamos extensamente en el artículo “TATUAJES: Lo Que ‘Realmente’ Dice La Biblia”.

En una conversación personal con Pablo Olivares, por ejemplo, quedan claras las razones para mantener los tatuajes en el cuerpo después de abrazar el evangelio. En su caso particular, el arte corporal es una carta de presentación aceptada y apreciada entre rockeros, y una llave que abre puertas a la interacción para compartir el evangelio con quienes difícilmente encontrarías en una banca de iglesia.

En definitiva, si no es lo que entra en el cuerpo lo que contamina al hombre (incluyendo tinta y trozos de metal u otros materiales), sino lo que sale de él (en palabras y acciones), me parece que el hecho en sí de someterse a una sesión de tatuaje o piercing no tendría por qué considerarse algo reñido con la fe cristiana; pero cuidado, las motivaciones si podrían serlo.

Fuente: Enlacemusical.com