¿Por qué a mí?


¿Por qué a mí?

23 abr 2012 Devocionales, Enrique Monterroza, Meditaciones, Reflexiones Cortas, Reflexiones y Devocionales Cortos
¿Por qué a mí?

La mayoría de nosotros al vernos frente a situaciones difíciles de la vida nos hemos preguntado: “¿Por qué a mí?”. Esa frase por lo general sale de nuestra boca producto de una frustración momentánea que nos hace pensar que somos los menos afortunados del mundo en ese momento.

Los últimos días he estado enfermo, hace cuatro días me operaron de la apéndice, muchos que leen mi pagina y mi perfil en Facebook se dieron cuenta y estuvieron orando por mí en cada momento que pase, cientos de personas me mostraron su cariño y aprecio dejándome comentarios que me daban mucho ánimo en ese momento de mi vida. Actualmente sigo con un poco de dolor y recuperándome, pero hoy quería escribir acerca de esa frase que yo mismo pensé y hasta pronuncie quizá en algún momento de este percance.

A veces creemos que somos intocables, que nada malo nos puede pasar o que la enfermedad no puede tocar nuestra vida, o que simplemente las cosas siempre serán como nosotros queremos, pero cuando el panorama cambia y cuando se presentan momentos reales de dolor, de enfermedad, de problemas serios, entonces nos preguntamos: “¿Por qué a mí?”, como haciendo alusión de que no nos merecemos lo que nos está pasando.

Y es que cuando pronunciamos la frase: “¿Por qué a mí?” es como que si no estuviéramos de acuerdo a que eso que nos está pasando, realmente este pasando en nuestra vida, es como que nos sintiéramos que no lo merecemos, que cualquier otro lo merece, pero no nosotros.

Mientras estaba en esa cama de hospital esperando el momento en que me llevaran al quirófano, le pregunte a Dios: “¿Por qué a mí?”, había orado mucho pidiendo a Dios que me quitara toda enfermedad, sin embargo, ahora estaba allí, a una hora y pocos minutos de ser intervenido, rápidamente luego que hice esa pregunta a Dios, sentí en mi corazón y en mi mente una respuesta automática que fue: ¿Por qué no a ti?

Quizá mucho no entenderán lo que hoy quiero plasmar, pero si lo harán los que Dios quiere y le interesa que comprendan lo que hoy quiero exponer.

Sentí que Dios me pregunto: ¿Por qué no a ti?, de pronto me quede en silencio total, pensando, reflexionando y asimilando esa respuesta, a lo que dije: “Es cierto, ¿Por qué no a mi?”.

Entre a esa sala de operación con tanto valor como no imagine, con tanta seguridad, con una sonrisa, bromeando con cada doctor y enfermera, con buen humor, estoy seguro que las oraciones de muchos provocaron ese buen ambiente, no dure ni cinco minutos despierto y cuando desperté todo estaba bien, la operación un éxito, poco dolor y ningún efecto secundario de medicamentos y anestesia. Dice el Doctor que solo terminaron la operación, retiraron un tubo de mi boca y rápidamente abrí mis ojos, me senté rápidamente y le mostré mi dedo pulgar como aprobando todo, luego me acosté y dormí una hora, realmente yo no recuerdo nada de eso.

Fue el día Jueves por la tarde que me operaron y ya estaba de alta el viernes por la tarde, llegue a mi casa, salude a mi pequeño Uziel quien jugaba en la sala de mi casa, muy feliz él de verme y yo de ver a mi primogénito, mi hija Valentina de nueve meses al verme movía sus piececitos y todo su cuerpecito, mientras su carita reflejaba un felicidad por verme, como suele hacerlo, sonreía con su papá y su papá aguantando las lagrimas la saludo como la primera vez que la vio en ese mismo quirófano donde ahora él había pasado, ahora no como espectador, sino como paciente.

Estando en mi casa descansando comencé a reflexionar mi pregunta, aquella que me había hecho en ese cuarto de hospital: “¿Por qué a mí?” y de la cual ya Dios me había respondido: ¿Y por qué no a ti? y pensando concluí en lo siguiente:

A veces somos crueles con Dios, queremos culparlo de todo lo que nos pasa, pero, ¿No nos damos cuenta de que desde que nacemos venimos siendo humanos?, ¿No nos damos cuenta que TODOS nosotros estamos expuestos a la enfermedad?, ¿Conoces a algún humano que nunca se enfermo?, ¿A uno que nunca se le murió un familiar?, ¿Conoce a un ser humano que nunca tuvo problemas?

A veces se nos olvida que venimos a este mundo con un paquete completo y con posibilidades de padecer muchas cosas. Nosotros no elegimos que cosas en la gran mayoría de veces, pero es parte de nuestra naturaleza, es parte de la vida del hombre y eso mismo nos tendría que llevar a ser consientes de que Dios no tiene culpa alguna en ello, cuando venimos a este mundo venimos consientes o por lo menos deberíamos ser consientes de que venimos con todo un paquete incluido y que en cualquier momento de nuestra vida las cosas pueden suceder, no necesariamente porque Dios quiera vernos mal, sino porque somos humanos y la probabilidad que padezcamos de algo siempre existe.

No vamos ir por la vida echándole la culpa a Dios de todo lo malo que nos pasa, porque la mayoría de veces tampoco lo culpamos por las cosas buenas, allí nos olvidamos de Él, pero cuando las cosas difíciles ocurren entonces pareciera que Dios es cruel y nos hace sufrir más de lo que merecemos.

Un ejemplo secular y sencillo: Cuando participamos en un sorteo y compramos un numero, suponiendo que eran cien números vendidos y solo uno será el ganador, ¿Qué pasa allí?, todos sabemos que solo uno será el ganador y que noventa y nueve personas perderán, ¿Qué pasa cuando sale el ganador y no fuimos nosotros?, ¿Culpamos a alguien?, ¿Nos enojamos con los organizadores?, ¡No! Simplemente sonreímos y algunos decimos: “Ya sabía que no me iba a ganar nada”. Nuestra actitud ante esa derrota es normal, porque asumimos desde un inicio que solo uno ganaría. Pues en la vida del ser humano pasa algo similar, todo venimos con las probabilidades que nos pasen cosas buenas y malas, todos queremos las cosas buenas, pero cuando nos suceden la malas nos quejamos, nos decepcionamos y no queremos aceptarlas y esto es porque no asumimos desde un inicio que la posibilidad existía, esa posibilidad de que cualquier cosa podía pasar, no necesariamente porque Dios quería que te sucedieran, sino porque podían suceder, así como a ti o a cualquier otro ser humano de cualquier parte del mundo o a millones a la vez, lo que a ti te pasa, no te pasa solo a ti en el mundo, son millones de millones los que pasan por lo mismo.

¿Por qué Dios no me sano?, quizá yo hubiera querido que me sanara, que no me operaran, pero ¿Acaso no soy un ser humano?, ¿No estoy propenso a que también me operen?, ¿Acaso no voy enfermarme también?, a veces queremos actuar como que fuéramos los favoritos de Dios o sus mimados. Dios no tiene favoritos, ni mimados, para Dios todos somos iguales y sería injusto en algunos casos que Dios me responda a mí y no responda a otros que también han pedido lo mismo.

Yo pienso que Dios ve nuestra capacidad, nuestra fortaleza humana y lo bien que nos servirá pasar por cosas como esas y entonces dice: ¿Por qué no a ti?

Si Dios no responde a algo que queremos que haga ahora mismo, no es porque no quiera o porque no pueda, porque ¿Qué tal si es nuestro turno de experimentar el dolor?, o ¿Acaso creemos que no nos merecemos lo que otros si les toca pasara?

Quizá este escrito no sea inspirador como tal, quizá no es que te vaya a dar un ánimo de esos que te harán salir a luchar por tu sueño o por tu vida, pero lo que hoy me interesa que entiendas es que si en algún momento Dios no te responde, no hay razón para huir de él, no hay razón para olvidarnos de él, no hay razón para creer que no nos ama o que no le importamos, al contrario, aun cuando no me responda, aun cuando pareciera que está en silencio, debemos de seguir creyendo en lo que Él ha hecho en nuestra vida, está haciendo y en lo que hará en nosotros.

Mi fe no depende de una respuesta de Dios, mi fe depende de ese amor que un día me mostro, que me hizo postrarme delante de Él y reconocer que estaba perdido; mi vida estaba perdida sin Él, no tenía razón de vivir, no tenía una esperanza, sin embargo Él me la dio, Él me dio vida, Él me dio la vida que ahora tengo, todo lo que me rodea es por Él, ¿Por qué no voy a creer en Él?, ¿Por qué voy a quejarme de algo después de todo lo que Él me ha perdonado y me ha dado, aun cuando no lo he merecido?, sería un desagradecido si por un segundo dudara de Él.

Dios me dijo: ¿Por qué no a ti? y tiene razón, porque hay tanta gente que nosotros creímos que no merecía lo que le paso, sin embargo le paso, entonces, ¿Por qué no a nosotros?, lo bueno de todo es que ahora nosotros confiamos en Él, que nuestra FE esta en Él, que pase lo que pase estamos seguros en Él.

Que rico es respirar esa seguridad en Él, esa seguridad que nos hace estar tranquilos frente a la adversidad, esa seguridad que a pesar de ver el panorama muy oscuro, sabe que detrás de todo eso también existe un Dios Soberano que toma control de todo, vivir con Dios de nuestro lado es la mayor garantía que puede existir, porque independientemente de lo que ocurra, Él siempre se encarga de TODO.

Señor, ¿Por qué no a mi?, tienes razón, a mi las veces que tu creas conveniente, porque si tú lo crees, es porque tengo la garantía que todo saldrá bien, tus planes siempre son perfectos y me hacen estar seguro de que todo estará bien.

Mi pequeño hijo Uziel de casi cuatro años me dijo: “Papi, todo estará bien”, Y ¿Sabes?, es cierto, todo estará bien, porque tenemos a un Dios que vela por los suyos, nuestra garantía es segura en Él.

“El Espíritu es la garantía que tenemos de parte de Dios de que nos dará la herencia que nos prometió y de que nos ha comprado para que seamos su pueblo. Dios hizo todo esto para que nosotros le diéramos gloria y alabanza”.

Efesios 1:14 (Nueva Traducción Viviente)

Tú fe en Dios, tú confianza en Él, jamás debe depender de una respuesta, jamás debe depender de lo que tú quieres que Él haga, porque ¿Qué tal si no te responde? ó ¿Qué tal si no lo hace?, ¿Dejaras de creer en Él?, ¿Te olvidaras de Él?, que tu confianza en Él solo dependa de su amor incomparable que siempre te mostro, ese amor eterno con el cual te amo, porque en su amor jamás encontraras error y estar enamorado de Él te hará creer a pesar de.
¿Por qué a ti?, bueno, ¿Por qué no a ti si de tu lado esta Él?
“Yo sé que mi Redentor vive, Y al fin se levantará sobre el polvo; Y después de deshecha esta mi piel, En mi carne he de ver a Dios; Al cual veré por mí mismo, Y mis ojos lo verán, y no otro, Aunque mi corazón desfallece dentro de mí”

Job 19:25-27 (Reina Valera 1960)

Autor: Enrique Monterroza

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