¿A dónde se ha ido el verdadero espíritu de adoración?


¿A dónde se ha ido el verdadero espíritu de adoración?

Por Rev. Jose D. Rivera Tormos (D. Min.)

El pensamiento de hoy: Hablemos de adoración

Venid, adoremos y postrémonos; Arrodillémonos delante de Jehová nuestro Hacedor. (Salmos 95:6 RVR60)

Este Salmo contiene uno de los introitos más usados en la práctica cultual. Con esta invitación se acentúa la Santidad y majestad del Dios que adoramos. No podía ser mas explícita: adorar requiere postrarse, ir de rodillas; mucho más que una postura corporal se trata de una condición del corazón, es una cuestión de actitud.

Es lamentable como ha descendido la práctica de la adoración a niveles de sano entretenimiento. El tiempo de adoración supone ser el preámbulo del encuentro con La Palabra, la máxima expresión reverencial del adorador. En muchos cultos el tiempo de adoración parece más un tiempo de entretenimiento. El ritmo y volumen han reemplazado a la confesión, la reflexión, y contrición de corazones compungidos en la presencia de Dios. Mientras el grupo al frente canta la gente mira al espacio, escriben notas o buscan en su celular. La gente se levanta a caminar. Ocurre de todo menos adoración.

Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren. (Juan 4:24 RVR60). ¿Y qué cosa es adorar en espíritu y verdad? Si bien los modelos de adoración no son los más depurados; hay que agregar una prédica que busca más hacer reír que hacer llorar.

Ya no se esconde la gente como lo hacían al oír la predicación de Jonathan Edwards, el Verbo enardecido de Juan Wesley, exposición bíblica. Al estilo de Carlos Spurgeon. O. La pasión misionera de Dwight L. Moody. Nos hemos contemporizado tanto que no hacemos la diferencia.

Una mirada al libro de Los Hechos nos bastaría para horrorizarnos al comparar el culto entonces con lo que llamamos hoy adoración. Y hablando del como se hace  adoración veamos lo que dice el Salmo 33:
Cantadle cántico nuevo; Hacedlo bien, tañendo con júbilo.(Salmos 33:3 RVR60)

Subrayemos. “hacedlo bien” Si es para Dios debe ser lo mejor. No hay espacio para la improvisación y añade el Salmista: “Adorad a Jehová en la hermosura de la santidad; Temed delante de él, toda la tierra. (Salmos 96:9 RVR60).

Hay que hacer de la adoración una experiencia que inspire reverencia, un tiempo cargado de contenido; que acuse una coordinación funcional, una experiencia participativa en la que nadie salga sin haber sido convicto por la presencia misma del Espíritu de Dios. Eso es lo que debe producir gozo en el corazón de los creyentes y temor en los que no han creído al evangelio.

Ciertamente la Adoración es celebración.. “celebremos alegremente a Jehová, Cantamos con júbilo a la roca de nuestra salvación” puntualiza el Salmista (95”1) Pero de la misma manera que no podemos confundir la locura de la predicación con una predicación alocada; tampoco el gozo de la adoración debe significar simplemente ruido.

Sin una experiencia no hay nada que celebrar. Adorar es un acto ascendente, todo adorador sube a las alturas de Dios. Cuanto más profunda sea nuestra humillación más elevada será nuestra experiencia.

Adorar es una experiencia tridimensional: (1) Humillación (2) Confesión (3) Celebración.

Es un encuentro personal con Dios, diálogo no monólogo, un inquirir y escuchar, aceptar y obedecer la divina voluntad, Es imposible adorar y permanecer igual. La adoración es nuestro monte de transfiguración. Como resultado de su encuentro con Dios, el rostro de Moisés brillaba con la gloria de Jehová; el rostro de Esteban se veía como un ángel.; sino hay transformación no ha habido adoración, ¿Qué revela tu rostro?

Al templo entramos para adorar y saldremos para servir. La adoración que no se traduce en servicio es simple liturgia, ejercicio religioso, reunión sin consecuencias. Jesús, rechazó la contemplación cuando ordenó a quienes adoraron ir a los suyos y contar todo lo que Dios había hecho con ellos.

Es lamentable que muchas iglesias están mas interesadas en mantener audiencias antes que hacer discípulos. Se propulsa una adoración que se asemeja más el espectáculo que a la experiencia de transformación para lo cual fue diseñada.

Por ahora concluyo señalando que en el momento que la iglesia restaure el verdadero espíritu de adoración surgirán los milagros y señales que siguen a los que creen, habrá un verdadero avivamiento y se verá la transformación en la vida de los creyentes.

Bendiciones para todos…

Cortesia: Jose Rivera Tomos