Los Mitos, los Mensajeros y el Misterio de la Navidad partes 3 – 4


La reacción apropiada hacia Cristo

En estos pocos versículos, vemos tres respuestas del mundo al mensaje de Navidad, desde el primer siglo hasta el siglo veintiuno, las culturas han cambiado, pero la reacción de la humanidad, no.

Vimos la reacción de enojo por parte de Herodes, apatía por parte de los líderes judíos, y adoración por parte de aquellos que lo consideran su Mesías.

Si miramos a nuestro alrededor en esta temporada de fiestas, vamos a descubrir las mismas reacciones. Están aquellos que lo odian, aquellos que lo ignoran, y aquellos que caen de rodillas y le adoran como el Cristo, el Señor.

¿Cuál será su reacción para con el que descendió de los cielos? ¿Qué hará con Jesús en esta Navidad?

Capítulo 2

No creo que sean niños mensajeros

En un par de ocasiones, el año pasado, pasé con el auto por el vecindario y vi unas casas que tenían unos globos rosados o celestes en la verja. Uno de los jardines estaba lleno de anuncios que decían: “Es una niña”. Son formas en las cuales una pareja le hace saber al mundo que su bebé ha llegado al mundo.

Cuando paso por esas casas, me inunda un sentido de gozo al igual que preocupación por estas parejas; muchas veces intento imaginarme cómo están, en especial si es el primer hijo. Seguramente están pasando noches sin dormir, horarios desordenados, mamaderas, comida para bebés y una canasta llena de ropa para lavar. Y el olor… esa combinación de loción para bañar al bebé, talco, antiséptico y pañales sucios, todo en uno, se impregna en la casa y hasta lo sigue a uno al trabajo. En la mayoría de los hogares, el nacimiento de un bebé marca un cambio de vida. Poner una cigüeña con un anuncio en el jardín es la parte más sencilla, pero la vida nunca más será igual.

¿Se imagina lo que debe haber sido el nacimiento de Cristo? ¡Qué cambio de vida para José y María!  Inclusive hay anuncios del nacimiento de Jesús, y no se trata de globos azules, sino de un desfile de ángeles; en vez de cigüeñas en el jardín, pastores junto al pesebre, impresionados al ver al Salvador. Hay un sin fin de actividad mientras el Padre prepara el anuncio para el mundo.

La gloria celestial de Dios se presenta a miles de kilómetros a un grupo de científicos y filósofos orientales. Los ángeles llenan el cielo en Belén, haciendo su anuncio, y el arcángel Gabriel se ha aparecido personalmente a varios para dar las nuevas. Lo que hace que estos anuncios sean tan sobresalientes es que por cuatrocientos años los cielos estuvieron en silencio, no hubo mensaje de Dios. Cuando Malaquías dejó su pluma, Dios se quedó en silencio.

Ahora, después de cuatrocientos años, el silencio se rompe por medio de estos anuncios de parte de Dios. Que hermoso sonido, ya que Dios utilizó a todos, desde los pastores, hasta los ángeles.

Dos mensajeros del nacimiento de Cristo

Como todo sucede tan rápido, hay dos mensajeros de Dios que por lo general, son pasados por altos en la historia de la Navidad. Uno fue un bebé que aún no había nacido; el otro mensajero fue un hombre viejo, que estaba por morir.

Juan el Bautista

El ángel Gabriel hizo su primera aparición anunciando la concepción milagrosa de un niño cuyo nombre no es Jesús, es Juan. El nombre de su padre es Zacarías y el de la madre, Elisabet. Aún cuando ellos son muy mayores, Elisabet concibe un hijo.

Según Gabriel, el niño va a cumplir la profecía de Malaquías y va a prepararle el camino al Mesías. Los cuatrocientos años de silencio se acabaron. Elisabet va a tener un hijo, el cual se llamaría Juan. Lo conocemos por su nombre profético y lo llamamos ‘Juan el Bautista’.

Cuando Elizabet llevaba seis meses de embarazo, el ángel Gabriel aparece nuevamente en escena, pero esta vez se le aparece a María. Ella recibe noticias similares –va a concebir; pero, allí es adonde la similitud termina.

María, una virgen, va a concebir por medio de un milagro del Espíritu Santo. No hay duda de que ella está llena de preguntas. ¡José lo estará también!  Gabriel, antes de dejar a María, le da unas palabras de ánimo: “porque nada hay imposible para Dios” (Lucas 1:37). ¿Por qué le dice eso? Porque María lo escuchó una vez y lo iba  escuchar mil veces más: ¡Eso es imposible!

“¿Ningún hombre está involucrado en este embarazo? ¡Eso es imposible!”

¿Dios hizo que esto ocurriera? ¡Eso es imposible!

María ahora podía decir: “eso es exactamente lo que el ángel sabía que me iban a decir –que es imposible, ¡pero nada hay imposible para Dios!”

¿Adónde acude María? ¿Adónde va para recibir comprensión? ¿A quién puede acudir para recibir consejo y ayuda? ¿Gabriel no nos da una pauta en el versículo anterior?

“Y he aquí tu parienta Elisabet, ella también ha concebido hijo en su vejez; y este es el sexto mes para ella, la que llamaban estéril.” (Lucas 1:36).

Otro niño prodigio viene en camino. Otra imposibilidad está por hacerse realidad. Al igual que Sara, Elisabet y Zacarías están esperando un niño.

No sabemos si María les contó a sus padres, tampoco sabemos cuánto le contó a José, pero el próximo versículo nos informa que ella viajó tres días para ver a sus parientes, los cuales también iban a recibir la noticia que cambiaría sus vidas para siempre

“En aquellos días, levantándose María, fue de prisa a la montaña, a una ciudad de Judá; y entró en casa de Zacarías, y saludó a Elisabet. Y aconteció que cuando oyó Elisabet la salutación de María, la criatura saltó en su vientre; y Elisabet fue llena del Espíritu Santo. Porque tan pronto como llegó la voz de tu salutación a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre.” (Lucas 1:39-41, 44).

Esto no se trata de un golpe pre-natal común sino de un salto del bebé en el vientre. ¿Por qué golpearía el bebé a Elisabet en las costillas?

Para comenzar, podemos decir que el Espíritu Santo lo indujo a hacerlo, habiéndolo ya preparado para ser el presentador del Mesías. Este bebé es un profeta del Antiguo Testamento, y los profetas del Antiguo Testamento tenían una unción especial del Espíritu Santo al llevar a cabo su ministerio profético. El mensaje de Gabriel a Zacarías decía claramente que Juan estaría bajo la influencia del Espíritu Santo, aun desde el vientre de su madre (Lucas 1:15).

Este salto fue la primera expresión profética de Juan; fue su primera profecía en cuanto al Mesías que había sido concebido tres días antes.

Tan increíble como suena, ¡el bebé profeta esta dando su primera profecía desde el útero! Él sólo mide 22 centímetros y pesa menos de 1 kilo y está lleno de gozo.

¿Qué nos indica esto en cuanto a la vida de los que aun no han nacido y están en el vientre? Permítame decirlo: están vivos.

Juan, a los seis meses pudo expresar emociones, respondió a la alabanza inducida por el Espíritu Santo, pudo escuchar la voz de María, reacciono físicamente a la presencia del Mesías y saltó de gozo con un sentimiento de adoración. Juan hizo una danza de adoración en la oscuridad del vientre de su madre.

¡Eso es imposible!

Recuerde: “nada hay imposible para Dios”.

Que encuentro mas increíble debe haber sido para estas dos mujeres. Piense en todo lo que tenían en común en esta escena tan poco común: ambas estaban esperando dar a luz milagrosamente, ambas estaban experimentando un embarazo que sólo Dios pudo haber coordinado, ambas tendrían hijos que cumplirían las profecías tan esperadas. Lucas nos dice que María se quedó con Elisabet y Zacarías por tres meses y después regresó a casa con sus padres y con José (Lucas 1:56). A esta altura José también había sido visitado por un ángel, seguramente Gabriel, quien le dijo que María estaba embarazada por obra de Dios.

Simeón

Si pudiéramos adelantar un poco la película, pasando el nacimiento de Cristo, veríamos a otro mensajero de Dios. Este mensajero no es un niño aún sin nacer, sino que se trata de un hombre viejo que, probablemente, no viviría mucho más.

Antes de ver este breve encuentro, tenemos que entender el trasfondo, el escenario en el que se vive esto.

“Y cuando se cumplieron los días de la purificación de ellos, conforme a la ley de Moisés, le trajeron a Jerusalén para presentarle al Señor.”  (Lucas 2:22).

Imagínese, están llevando a Jesús para presentarlo ceremonialmente ante el Señor. Dios el Padre y Dios Espíritu Santo observan la presentación de Dios el Hijo, en la carne. Dios es presentado ante Dios.

José y María están siguiendo lo que la Ley les indicaba que debían hacer. Dios, tal como lo vemos en Levítico, mandaba a que la mujer fuera purificada por medio del ofrecimiento de sacrificios.

Después del nacimiento de un hijo, la madre no podía hacerse presente en el templo por cuarenta días. Después, ella debía ofrecer sacrificios y regresaría a estar en comunión con la asamblea de adoradores.

María no era una santa sin pecado; ella no estaba por sobre la ley de Moisés. Ella, como todo ser humano, era responsable por su comunión con Dios por medio de los canales y pautas que Dios había establecido. Según la ley, ella era impura hasta que estos sacrificios se hicieran a su favor. Y como María y José estaban lo suficientemente cerca de Jerusalén, hicieron esos diez kilómetros para ofrecer personalmente las ofrendas.  Lucas nos dice que María y José trajeron un par de tórtolas o dos palominos (Lucas 2:24).

Si uno examina esta ofrenda de culpa ofrecida a favor de la madre, descubrirá que Moisés pedía que se trajera un cordero, Levítico capítulo 12 nos da un bosquejo de las responsabilidades de la madre y una definición de esta ofrenda. Sin embargo, Moisés permitía que las mujeres más pobres, las que no podían comprar o no tenían un cordero de un año, pudieran traer tórtolas o palominos. A esto se lo llamaba, la ofrenda de los pobres.

Los magos aun no habían llegado, sus regalos de oro habrían permitido que María comprase el mejor cordero que existiera. Sin embargo, María y José están en la pobreza, no tienen dinero para un cordero.

¿Se da cuenta? Ellos en realidad traen el cordero, el Cordero de Dios. Allí están, presentando sus animales en sacrificio en el templo, y al mismo tiempo, sosteniendo al bebé que sería el sacrificio final.

Pero había alguien que lo sabía todo. Antes que José y María llegaran ante los sacerdotes, fueron interrumpidos por un anciano.

“Y he aquí había en Jerusalén un hombre llamado Simeón, y este hombre, justo y piadoso, esperaba la consolación de Israel; y el Espíritu Santo estaba sobre él. Y le había sido revelado por el Espíritu Santo, que no vería la muerte antes que viese al Ungido del Señor. Y movido por el Espíritu, vino al templo. Y cuando los padres del niño Jesús lo trajeron al templo, para hacer por él conforme al rito de la ley, él le tomó en sus brazos, y bendijo a Dios, diciendo: Ahora, Señor, despides a tu siervo en paz, conforme a tu palabra; porque han visto mis ojos tu salvación, la cual has preparado en presencia de todos los pueblos; Luz para revelación a los gentiles, y gloria de tu pueblo Israel.”  (Lucas 2:25-31).

¿Se imagina esta escena? María y José son interrumpidos de repente por un anciano que ni siquiera era un sacerdote. Simeón era simplemente un hombre piadoso que tuvo el privilegio de ser uno de los mensajeros de Dios. Él era el responsable de anunciar que “¡El Mesías ha llegado!”

Tres observaciones en cuanto al nacimiento de Cristo

El hecho de que Dios estuvo en silencio no significa que no estuvo obrando.

El silencio y la soberanía son una combinación que a ninguno de nosotros le gusta. Tenga ánimo y esperanza durante los días de silencio – Dios aún está obrando.

El mensaje de Dios tiende a ser oído por aquellos que quieren escuchar.

No tenemos registrado nada que nos diga que hubo sacerdotes rodeando a Simeón para hacerle preguntas o buscando información acerca de José y María. No se formó ninguna multitud ansiando escuchar lo que implicaba la oración de Simeón, todos estaban ocupados en el templo, no le estaban prestando atención, el cual manifiesta cada aspecto de la vida en el templo. Él era el pan de la mesa de la proposición; el candelabro de luz eterna; el incienso del olor fragante ante el Padre; la sangre del cordero en el propiciatorio; el animal sacrificado en el altar; el velo que pronto se rasgaría en dos; el Sumo Sacerdote que un día se sentaría.

¿Por qué no escucharon entonces a Simeón? Por la misma razón, tal vez, que usted no me está escuchando con suma atención; tal vez por esta razón usted se resista a tener al Salvador en su vida.

Los escogidos por Dios para llevar a cabo Su voluntad son personas comunes.

Dios usó a un carpintero pobre con su joven prometida. Él utilizó a un sacerdote lleno de años y a su esposa. Y ahora, usa a un anciano que ni siquiera es un sacerdote, para presentar a Jesús y declarar un mensaje acerca de este Mesías.

Dios puede usarlo a usted y a mí también. Él puede usarnos a nosotros, hombres y mujeres comunes, para compartir Su mensaje. En estas fiestas, saltemos de alegría porque Él ha venido; alcémoslo para que todo el mundo lo vea: “el Mesías está aquí.”

Capítulo 3

Más que la leyenda de Zeus

El autor Phillip Yancey contrastó en una oportunidad la humildad de la venida de Cristo a la tierra, con un viaje que la reina de Inglaterra hizo al exterior. Cuando la familia real viaja a algún lado, siempre se los ve con muchas joyas y glamour, y por supuesto, los paparazzi están presentes.

Cuando la Reina Elizabet visitó los Estados Unidos, los periódicos revelaban todo lo que sucedió detrás de escena: los detalles y las preparaciones. No traían un equipaje de 20 kilos como cualquiera de nosotros lo hace, sino dos mil kilos.

El equipaje de la reina contenía dos vestidos para cada ocasión que se le pueda ocurrir, incluyendo un vestido negro para ser usado en el caso que alguien falleciera y ella necesitara asistir al funeral. Ella era acompañada por su propio peluquero y una docena de asistentes personales. También, muy protegidos en el equipaje, había 10 litros de plasma en caso de que hubiera una emergencia médica. Una sola visita de la reina a otro país, le cuesta a su gobierno unos veinte millones de dólares. Habiendo visitado numerosas residencias reales, me di cuenta que los Ingleses tienen la costumbre de izar la bandera cada vez que la reina está en la residencia. Si usted ve una bandera flameando en algún punto alto de un castillo, significa que “la reina está presente.”

Un Misterio Divino

En contraste con la llegada de la reina, la llegada de Cristo no tuvo mucha pompa. Aquí viene el Príncipe de Paz, el Padre de la eternidad. Él es realeza divina viajando a la tierra, sin asistentes personales y sin tener un lugar donde descansar, a excepción de un establo prestado, con animales que esa noche parecieron dispuestos a compartirlo con su Creador.

Esta Navidad, al igual que todas las otras, el mundo debe recordar que “el Rey ha llegado”. Aquellos que creemos en Él, tenemos su bandera flameando en el castillo de nuestros corazones. Su bandera es una bandera de redención. Su majestad no vino a la tierra con una provisión de sangre en caso de emergencia: Él vino a dar Su sangre porque hay una emergencia, “¡la paga del pecado es muerte!”

Que misterio más increíble: Dios el Redentor vino a la tierra, nació de una virgen; Dios, escogiendo vestirse con la ropa común de nuestra carne; la segunda persona eterna de la Trinidad, limitado al tiempo; el Hijo omnipresente, en el vientre de la virgen.

Podemos cantar al respecto, leer y estudiarlo, pero nunca podemos llegar a comprender cómo es que Dios lo hizo, cómo se encarnó en el vientre de la virgen. Para ponerlo de una forma mas sencilla, nadie tiene ni idea de cómo Dios pudo hacerse bebé.

No obstante, todo el evangelio pende de esta verdad. El hecho que Cristo es Dios en su totalidad y humano en su totalidad, no es una verdad opcional, sino una verdad fundamental.

Un desmentido satánico

No es de asombrarse entonces que, desde los comienzos de la Iglesia, el enemigo comenzó a originar y desarrollar enseñanzas falsas que decían que Jesús no era totalmente Dios o que no era completamente humano. Parece que, incluso antes de la vida de Juan, el último apóstol en morir, las declaraciones herejes atacaron a la humanidad completa o la deidad completa de Cristo.

Una filosofía que emergió fue el docetismo. El docetismo decía que Cristo no era realmente humano; no era verdaderamente carne.

Juan contrarrestó esta falsa doctrina en su segunda epístola.

“Porque muchos engañadores han salido por el mundo, que no confiesan que Jesucristo ha venido en carne. Quien esto hace es el engañador y el anticristo. (2 Juan 1:7)

La verdad es que, si Jesucristo no es completamente humano y completamente Dios, no podemos ser salvos y no tenemos un Cristianismo verdadero. De hecho, un autor dijo lo siguiente: Sin que Jesús sea completamente humano y completamente divino, no tenemos evangelio. La esencia y el poder del evangelio es que Dios se hizo hombre y que, al ser tanto Dios como hombre en su totalidad, pudo reconciliar a los pecadores con Dios.

Si consideramos que el Nuevo Testamento está equivocado al decir que Jesús es el Hijo de Dios, nacido de una virgen, ¿entonces qué cosas son verdad en el Nuevo Testamento? ¿Cómo podemos confiar en lo que leemos? Si los escritores de los evangelios malinterpretaron la verdad acerca de Cristo, ¿en qué otras cosas mintieron? Su nacimiento virginal, Su muerte expiatoria, Su resurrección, Su ascensión y Su regreso, o están todos en pie, o se caen todos juntos.

No es para maravillarnos, entonces, que los ataques contra la naturaleza humana y divina de Cristo comenzaron tan temprano en la Iglesia. No mucho tiempo después de la muerte del apóstol Juan, otras filosofías salieron a la luz para quitarle a Cristo su deidad o su humanidad.

Por ejemplo, el Apolinarianismo  -que enseñaba que Cristo no era humano; el

Nestorianismo – que decía que había dos personas distintas dentro del cuerpo de Cristo; el

Monofisismo– que enseñaba que Cristo sólo tenía una naturaleza –una fusión de naturalezas divina y humana. Por ende, Cristo no era completamente Dios y completamente hombre; sino que era cincuenta por ciento hombre y cincuenta por ciento Dios.

Los ataques a la naturaleza de Cristo no desaparecieron con los años, todo lo contrario: se han intensificado.

Un autor británico escribió que Jesús se hubiera horrorizado en pensar en una iglesia, ni que hablar personas, adorándole como si fuera divino. Otro escribió que Jesús era un mago que tenía a la gente bajo sus poderes. Un tercero escribió que Jesús era un gran rabino que no tenía ninguna intención o deseo de fundar un movimiento o una Iglesia. Si esto es verdad, entonces Cristo no puede representarnos verdaderamente como hombre y ni puede redimirnos completamente como Dios.

Un mensaje falsificado

Otra manera en la que Satanás ataca la autenticidad de la deidad absoluta y la humanidad absoluta de Cristo es, no sólo negándola abiertamente por medio de sus falsos maestros, sino también diluyendo la singularidad del nacimiento virginal al falsificar o copiar el mensaje.

Estudie las religiones del mundo y verá historias de nacimientos virginales. Los romanos creían que Zeus embarazó a Semele sin haber tenido contacto con ella y que ella concibió a Dionisio, señor de la tierra.

Los sumerios, muchísimo antes del nacimiento de Cristo, escribieron en una pared, que fue descubierta muchos siglos después por arqueólogos, que su emperador fue creado en el vientre de su madre por sus dioses.

Seiscientos años antes del nacimiento de Cristo, se decía que la diosa de la procreación hizo posible la concepción del rey Senaquerib en el vientre de su madre.

Estas historias pueden interpretarse de una de las siguientes dos maneras:

Primero, uno puede llegar a la conclusión que todos estos nacimientos virginales significan que el cristianismo simplemente tomó prestada la idea de otras religiones y salió así con su propia versión.

Segundo, uno puede entenderlo como la estrategia del enemigo para preceder el cristianismo con versiones similares al Evangelio, de manera que cuando los eventos bíblicos ocurrieran, la gente dijera: “Es lindo, pero es algo antiguo, ya lo escuchamos antes”.

Ahora, ¿Satanás supo de antemano lo que Dios tenía en mente en cuanto a que el Mesías naciendo de una virgen? Sí, en el huerto de Edén, Dios le dijo a Satanás, “[la simiente de la mujer] te herirá (a la serpiente) en la cabeza…” –Génesis 3:15.

Cada vez que uno lee en la Biblia en cuanto a la simiente, o sea la descendencia, se refiere a la simiente del hombre. Pero en Génesis 3:15, encontramos esta frase; es la única vez que en la Escritura leemos de “la simiente de la mujer”.

¿Por qué? Porque ella concibe sin un hombre,  y su descendencia, que es independiente de la simiente del hombre, va a herir en la cabeza o destruir a la serpiente. Ésta es una referencia al Mesías derrotando a Satanás.

Agréguele a eso otro versículo al cual Satanás tuvo acceso siglos antes del nacimiento de Cristo: “He aquí que la virgen concebirá, y dará a luz un hijo, y llamará su nombre Emanuel.” (Isaías 7:14).

Satanás sabe todo esto, él es muy inteligente, aunque aún así se rehúse a rendirse. Él dice, “¿Ah sí? ¿El plan de Dios es que el Mesías nazca de una virgen? Bueno, entonces voy a originar, manipular y facilitar el desarrollo de la filosofía pagana incorporando la idea del nacimiento virginal”.

Así es que tenemos a una madre que un día ve a un elefante gigante entrar a su vientre y luego ella concibe y da a luz a un bebé llamado Buda.

Vishnu, después de re encarnarse como pez, tortuga, jabalí y león, eventualmente desciende al vientre de una mujer y nace de ella como Krishna, y de esa manera se crea el hinduismo.

Durante los días de Cristo, persistía la leyenda que decía que Alejandro el Grande nació de una virgen por el poder de Zeus, por medio de una serpiente que embarazó a su madre, Olimpia. Él también, era el hijo de un dios, nacido de una virgen.

Imagínese estas religiones mundiales importantes y filosofías reclaman un hijo nacido de su dios.

Entonces, Cristo nace de una virgen y el mundo fácilmente puede decir: “eso ya lo hemos escuchado antes. El cristianismo tiene su propia versión del mito del hijo nacido de una virgen.”  Puede que su profesor de Filosofía en la universidad le diga que es así y que él lo crea así. Él lo cree y se va a ir al infierno, aunque él siga pensando que es un mito.

Satanás falsifica y copia en detalle –hasta el punto que los mismos escribas se habían acostumbrado al título “Rey de los Judíos”. Herodes ya tenía ese título. ¿Se acuerda? Y el César Augusto se había quedado con el título “El salvador del mundo”.

Entonces, los ángeles se le aparecen a los pastores y les anuncian: “Escuchen, tenemos buenas noticias, en este día, en la ciudad de David, nace el Salvador.”

“Eso ya lo escuchamos con anterioridad, no es nada nuevo.”

Satanás ha falsificado muchas de las grandes verdades del cristianismo: el nacimiento virginal, la resurrección, el ser nacido de nuevo, el bautismo.

En las religiones paganas anteriores a Cristo, ya empleaban la expresión ‘nacer de nuevo.’ Ellos tenían ceremonias que involucraban el bañarse en sangre y, después de haber sido iniciados, se consideraban como nacidos de nuevo. Luego bebían una copa de leche, como si fueran niños recién nacidos.

¿Jesucristo y su iglesia tomaron prestadas estas ideas? No, Satanás ya había estado trabajando por medio de sus maestros y religiones para falsificar los reclamos de Cristo.

El nacimiento virginal de Cristo es una de las doctrinas claves que Satanás buscó socavar. ¿Por qué? Porque él sabe mejor que cualquiera, que sin el nacimiento virginal del Mesías, que es cien por ciento Dios y cien por ciento hombre, el mundo no tiene Salvador.

Ravi Zacarías escribió acerca del reconocido periodista Larry King, en respuesta a su pregunta de “Si usted pudiera escoger a una persona en la historia de la humanidad para hacerle un reportaje, ¿quién sería? Larry King le respondió que quisiera entrevistar a Jesús. Cuando le preguntaron ¿y qué le preguntaría a Jesús? King respondió, “me gustaría preguntarle si el verdaderamente nació de una virgen. La respuesta a esa pregunta, definiría la historia para mí.”

Si la historia del nacimiento virginal de Cristo, es solo otra leyenda, otra historia más, entonces lo mismo pasa con el resto de la Biblia que nos habla acerca de Él.  Pero, si todo es cierto, entonces ciertamente define la verdad de la historia para todos nosotros.

Con razón, entonces, uno de los versículos más importantes en el Nuevo testamento acerca de Cristo, es uno de los primeros en su biografía terrestre.

“El nacimiento de Jesucristo fue así: Estando desposada María su madre con José, antes que se juntasen, se halló que había concebido del Espíritu Santo.” (Mateo 1:18)

¡Que misterio!

En la narración de Lucas, el ángel Gabriel le explica a la joven María cómo sucedería.

“Y ahora, concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS. Entonces María dijo al ángel: ¿Cómo será esto? pues no conozco varón. Respondiendo el ángel, le dijo: El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por lo cual también el Santo Ser que nacerá, será llamado Hijo de Dios.” (Lucas 1:31, 34-35).

¡Eso lo explica todo! ¿No es así? No. ¿Usted comprende como Dios puede fertilizar un huevo en el vientre de una virgen? No.

De la misma manera, yo no puedo comprender como el Hijo de Dios podía morir por pecados que yo ni siquiera había cometido aún y verme como alguien sentado en los lugares celestiales. Tampoco puedo comprender como Él un día va a abrir mi tumba y reunir mi cuerpo con mi espíritu, que ya ha estado con Él, y con mi cuerpo resucitado, que pasa a estar glorificado, voy a estar con Él en un cielo nuevo y una tierra nueva para siempre. Sólo Dios puede entender Sus caminos y obras, y ¡yo no soy Dios!

Sería de mucho provecho para usted si se mirara en el espejo de vez en cuando y niega el mensaje de su carne y de su mundo al mirarse a sí mismo y repetir: “No se quien eres, pero no eres Dios.”

“E indiscutiblemente, grande es el misterio de la piedad: Dios fue manifestado en carne…” (I Timoteo 3:16).

Jesús era humano de verdad; Él no simulaba ser humano. No simuló llorar ni simuló aprender a caminar y hablar.

“Dios envió a su Hijo, nacido de mujer…” (Gálatas 4:4).

Un hombre completo

Los escritores humanos de la Escritura dan testimonio de la humanidad completa de Cristo. Ahora, ¿por qué Jesucristo tiene que ser completamente humano?

1. Jesucristo debe ser completamente humano para poder representar a la raza humana mediante Su obediencia. El Redentor tenía que ser un hombre.

“Así que, como por la transgresión de uno vino la condenación a todos los hombres, de la misma manera por la justicia de uno vino a todos los hombres la justificación de vida. Porque así como por la desobediencia de un hombre los muchos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno, los muchos serán constituidos justos.” (Romanos 5:18-19)

Permítame insertar una verdad importante en este punto: Jesús era cien por ciento humano porque uno de sus padres era humano, María. El recibió su naturaleza humana de María, de manera que era un miembro de la raza de Adán. Sin embargo, si bien Jesús recibió de María Su naturaleza humana, no recibió de José, el padre, la naturaleza pecaminosa. La naturaleza pecaminosa es lo que los teólogos ortodoxos llaman ‘culpa heredada’ que viene por medio del pecado de Adán.

Ahora, escúcheme cuidadosamente, la única manera que Jesús podía ser completamente humano y a la vez no corromperse con la culpa legal y moral de Adán, era naciendo aparte de la simiente de Adán. Sólo hay una manera de que eso sucediera: no tener un padre humano; nacer de una virgen.

2. Jesús tenía que ser hombre para poder ser sustituto de la raza humana mediante Su sacrificio.

Si Jesús no hubiera sido hombre, no podría haber muerto en nuestro lugar y pagado así la pena que la humanidad merecía.

“…Por lo cual debía ser en todo semejante a sus hermanos, para venir a ser misericordioso y fiel sumo sacerdote en lo que a Dios se refiere, para expiar los pecados del pueblo.” (Hebreos 2:17)

3. Jesús tenía que ser hombre para poder experimentar la penalidad de la raza humana mediante Su muerte.

“[Cristo] se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.” (Filipenses 2:7-8)

Jesucristo enfrentó la ira de Dios al hacerse pecado por nosotros. Él tenía que ser cien por ciento hombre para poder representar a la raza humana mediante Su obediencia, ser un sustituto de la raza humana mediante Su sacrificio, y para experimentar la penalidad de la raza humana mediante Su muerte.

Un Dios-Hombre completo

No hay salvación en el nacimiento de Cristo. No hay salvación en el hecho de que Él vivió una vida perfecta y sin pecado. Ni siquiera su enseñanza podía salvarnos.

Se tenía que pagar un precio por nuestros pecados –alguien tenía que morir y luego levantarse victorioso de los muertos. Jesucristo nació para poder morir y luego resucitar a una vida glorificada.

Pero en ese caso, Jesús tenía que ser más que humano. Es verdad –Jesús también tenía que ser cien por ciento Dios. Sólo alguien que es cien por ciento Dios podía cargar con la paga del pecado del mundo entero.

“Y [Jesucristo] es la propiciación por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo.” (I Juan 2:2)

¿Cómo carga uno los pecados de todo el mundo? Suficiente problema tendríamos cargando nuestro propio pecado, ¿no es así?

Si usted es una buena persona y solamente peca tres veces al día – ¡está muy bien! pero aún así, son mil pecados por año. Ahora, multiplique mil por su edad, agregue uno o dos más por los años en que usted aún no era conciente de que estaba pecando, y se sorprenderá. Para alguno de nosotros, la conciencia de pecado comenzó cuando éramos muy niños, cuando uno tuvo un pensamiento malo, hizo algo de manera egoísta, tuvo malos deseos, deseó algo de otra persona o codició, o no hizo algo que debería haber hecho: la Biblia dice que eso también es pecado.

Pero, usted es una buena persona, sólo comete tres pecados al día. ¡Yo puedo lograr esa marca antes de salir de casa al trabajo! Me levanté tarde y necesito ir más rápido de lo permitido, ahí ya tenemos uno. Después mientras voy manejando pienso: “El auto que maneja ese hombre es mejor que el mío”, ahí tenemos dos. Luego pienso: “¿Por qué me cierra el paso este necio?” Bueno, ahí están los tres del día, y eso que recién salí de casa.

Francamente, no hay manera humana en que pueda expiar todos mis pecados, mucho menos los pecados y la pecaminosidad de todo mi vecindario. No podría ser la expiación para millones de personas, y desde ya que no podría serlo para todo el mundo.

Sólo Dios puede pagar la pena. ¡Y ese es el punto!

Una decisión vital

¿Quién es Jesucristo para usted? ¿Un bebé en un pesebre? ¿Una interrupción en el almanaque? ¿Un buen hombre que fue tratado con crueldad cuando no se lo merecía? ¿Se trata de otra leyenda de la religión? ¿Otra historia de un nacimiento virginal que salió de alguna otra leyenda de la historia de la humanidad? ¿Es eso Jesús para usted?

Puede que tenga razón.

Pero, ¿qué hace si no es así y la Biblia tiene la razón?

¿Y si la Biblia cuenta la historia genuina del nacimiento virginal?

¿Y si Cristo es más que un mito, más que un bebé?

¿Y si Él es cien por ciento hombre y cien por ciento Dios?

La pregunta permanece: ¿Quién es Cristo para usted?

Yo le declaro en este día, bajo la autoridad de la Biblia, que Jesucristo es cien por ciento hombre y cien por ciento Dios. Y como Él es todo eso, Él es el único que puede morir, redimir, perdonar y ¡un día regresar!

Lo invito a que confíe en lo que la Escritura dice, y reciba en su vida al Salvador nacido de una virgen.